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domingo, 5 de mayo de 2013

La libertad de elegir entre la vida y la muerte




El proceso por el que la vida se forma es complejo, por el contrario quitar una vida es fácil.
Todos somos libres de hacer con nuestra vida lo que queremos, pero ¿qué pasa cuando una persona no puede decidir por sí mismo sobre su futuro y es otra la que decide por ella? o ¿cuándo no se cumple la voluntad de una persona que esta en disposición de decidir sobre su vida?
Cuando una persona está en coma y no es consciente de lo que pasa a su alrededor, son los demás los que toman decisiones concernientes a él, por él. Pongámonos en la situación de la familia, la persona en coma podría pasarse algunos meses sumido en ese estado o incluso años. No sentiría nada pues no es consciente de nada, pero los familiares serían quienes sufrirían esa situación, serían los que deberían cuidar del enfermo, quienes deberían estar a su lado sin saber cuando podría despertar, con el cansancio físico pero sobretodo mental que ello requeriría. 
¿Qué deberían hacer esos familiares? Podrían abandonar y provocarle la muerte sin su consentimiento, dejando descansar por fin a la persona en coma, pues no es fácil aguantar esa situación, pero en este caso habrían de llevar esa carga de conciencia, pues no se tiene la certeza de que algún día despertara. Por el contrario podrían seguir adelante, dejando a esa persona con vida, estando con ella día a día, cuidándola, mientras se tiene la esperanza de que algún día despierte de ese "sueño" en el que está sumido, aunque también en este caso, los familiares deberían aguantar el desgaste mental que conlleva.
Ambas opciones serían más que comprensibles, porque ambas conllevan sacrificios y consecuencias.
Pero pongamos otro caso:
En la vida pueden pasarte muchas desgracias: padecer una enfermedad grave, como el cáncer, donde a veces el remedio es peor que la enfermedad; sufrir un accidente y quedar inválido, o ciego o incluso sufrir dolores insoportables. Si alguna de estas desgracias ocurrieran a algún familiar o ser querido y este nos rogara que aliviáramos su sufrimiento, ¿lo haríamos? ¿Le ayudaríamos practicándole la llamada eutanasia (prohibida en muchos países) o nos negaríamos en rotundo a hacerlo?
Es cierto que muchas personas que han sufrido desgracias que te marcan para toda la vida han seguido a delante y poco a poco y con mucho esfuerzo han conseguido hacer una vida normal Pero también pensar en no poder ver jamás las maravillas que el mundo ofrece, o no poder hacer algo tan simple como correr, pasear o dar un abrazo, es terrible.
El seguir adelante o rendirse depende de la fuerza de voluntad de cada persona, de la fuerza física pero sobretodo mental; es cierto que rendirse puede parecer el camino fácil, pero en el caso de que alguien no puede convivir con algo así, ¿no tiene derecho esa persona también a tener una muerte digna?
En mi opinión, si esta situación se diera en un ser querido mío, siempre le instaría a que luchara, a que no se rindiera, porque la vida tiene mucho que ofrecer y aun cuando lo ves todo muy negro, siempre hay algo por lo que merece la pena luchar.
Pero en el caso de que viera que esa persona no puede salir adelante, que esta muerto en vida, yo si le ayudaría a descansar en paz, porque todos tenemos derecho a elegir libremente el momento de nuestra muerte, sin sufrimiento, sin dolor, a morir con dignidad; porque si a mí me pasara lo mismo, yo también querría que me ayudaran a morir en paz.
Pero quien sabe, ninguna persona que no haya estado o este en situaciones como estas, no puede saber lo que haría o dejaría de hacer, pues hasta que una persona no se encuentra en situaciones límites, no sabe hasta donde puede llegar, o lo que puede llegar a hacer.
De todas formas las personas deberíamos vivir la vida día a día, disfrutar de cada momento, hacer lo que nos gusta, vivir a nuestra manera, sin dejar que otros decidan por nosotros o se entrometan en nuestras vidas (dentro de unos límites claro), sin pensar en el mañana porque nunca sabemos lo que nos puede pasar y quien sabe, a lo mejor nuestro destino ya esta escrito y no podemos cambiarlo.

de 

lunes, 4 de marzo de 2013

La socialización primaria.


El otro día le pregunte a mi primo pequeño porque era del Atlético de Madrid y me contestó: "Porque es el mejor" y le respondí: " Y eso ¿quién te lo ha dicho?" y me dijo: "Papá". Por si queda alguna duda mi tío es colchonero. 

De pequeños intentamos imitar todo cuanto nuestros padres hacen, aunque no sabemos porque lo hacen o si esta bien, ya que es la única realidad que conocemos.
Cuando mi primo valla creciendo ira cuestionándose esos valores que sus padres le enseñaron y decidirá si los mantendrá como valores propios o los sustituirá por otros. Los padres intentan que sus hijos no cometan los mismos errores que ellos. Quieren el mejor futuro para ellos, ya sea laboral, social, sentimental, etc, aunque esa idea de futuro no coincida con la de los hijos. 
Los padres enseñan a sus hijos aquello que creen que es lo correcto, lo que en su día interiorizaron de sus propios padres. A todos nos han dicho: no toques esto, no digas esto, no juegues con esto; en definitiva pretendían que no hiciéramos lo que ellos consideraban incorrecto. Dependiendo de como nos han educado somos de una manera u otra, tenemos unos valores, costumbres y una manera de ver las cosas distintas.
Pero ¿y si los padres nos inculcaran valores contrarios entre sí?
Mi padre me educó con unos valores contrarios a los de mi madre. Él me enseñó a ser yo y solo yo, a ser egoísta  a no tener en cuenta a los demás ni sus sentimientos y a conseguir lo que quisiera sin importar el precio. En cambio mi madre me enseñó a pensar también en los demás, a no hacer daño, a ser justa, a luchar y no rendirme y a ser buena persona.
Crecí con estos valores tan contrarios y cuando fui más mayor tuve que plantearme que valores debía interiorizar y hacer míos propios, aquellos con los que viviría el resto de mi vida y que determinarían mi forma de ser. Elegir los valores que mi madre me inculcó fue la mejor decisión que he tomado en mi vida y doy la doy las gracias por educarme como lo hizo, porque estoy muy orgullos de ser quien soy.


Irene P.
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Desde luego es reflexionar sobre la socialización desde la propia experiencia.

miércoles, 20 de febrero de 2013

Abrir los ojos.

Nacimos creyendo que en las películas siempre ganan los buenos, que los malos siempre reciben su castigo, que si eres buena persona tendrás suerte en la vida, que los padres siempre quieren a sus hijos y que el amor es para siempre.
A casi todos cuando nacemos nos tapan los ojos con una venda para que no veamos el mundo tal y como es, pero es inevitable que a medida que vayas creciendo, esa ceguera te pase factura. Los padres sobre protegen a sus hijos, porque quieren evitar que se hagan daño para que no sufran. ¿Pero es eso lo que más les conviene a los hijos? Los padres no siempre van a poder estar ahí para ayudar a sus hijos y la vida no les va a cuidar tanto. Si no te equivocas no aprendes, si no tocas el fuego no sabrás que quema, si no te caes y te haces daño, no sabrás que tendrás que tener más cuidado. 
No nos engañemos, el mundo no es justo, los buenos no siempre ganan, a los malos no siempre se les castiga, no por ser bueno tendrás suerte en la vida, los padres no siempre quieren a sus hijos y el amor no es para siempre.
Pero después de este mundo tan duro e injusto, de que la maldad, el dolor y las tristeza estén tan presentes en nuestras vidas, existen  motivos por los que merece la pena seguir luchando día a día. Porque no necesitas tener superpoderes para ser un héroe. Hay personas que arriesgan su vida por otras personas, sin conocerlas y sin pedir nada a cambio y me parece triste que a estos verdaderos héroes no se les recuerde y sí a un señor con calzoncillos por fuera de unas mallas.
Tal vez sea más fácil vivir con los ojos tapados, pero entonces ¿habrá valido la pena vivir? Yo creo que no. Es bueno equivocarse, fallar cien veces y que a la ciento una aciertes, caerse y volver a levantarse, enamorarse y que te hagan daño; porque entonces aprenderás de tus propios errores e intentarás que no se repitan, crecerás como persona, verás el mundo tal y como es y te sentirás orgulloso de sobrevivir en él.  Puedes sufrir las mayores calamidades, pero lo fácil es rendirse, en cambio levantarse y seguir luchando es lo realmente difícil. Se tú mismo, elige bien a las personas que te rodean y disfruta cada momento como si fuera el último, vive con honor y siéntete orgulloso de ti mismo y habrá merecido la pena vivir. Porque como una vez alguien me dijo: "Las cosas no van a cambiar porque llores, así que levántate, sonríe y a seguir luchando."

Irene. P

domingo, 17 de febrero de 2013

El inconformismo del hombre.


El otro día íbamos a una excursión en metro. Durante el trayecto hablamos, reímos e incluso cantamos. En los vagones había gente que escuchaba música, que leía o simplemente charlaba. 
Pasadas varias estaciones, un chico de aproximadamente 25-30 años entró en el tren, fue repartiendo papeles y pidiendo que por favor le dieran dinero. Por donde pasaba la gente dejaba de hablar ya fuera por vergüenza,  respeto o por ser una situación incómoda; otros simplemente hacían como si no estuviera. Muy pocos leyeron el papel que dio, en el que pedía limosna para poder sacar a su familia adelante. Al cabo de un rato el chico volvió a pasar recogiendo los papeles y dando las gracias, incluso a pesar de pocos le dieron dinero.
Pasado un rato la gente volvió a su rutina, olvidaron al chico e hicieron como si nada hubiera pasado.
El ser humano es inconformista por naturaleza, siempre quiere más, aunque no pueda tenerlo. El pobre quiere vivir de una forma más desahogada, al que la tiene le gustaría ser rico, y ni siquiera éste se conforma y quiere más. 
Siempre queremos estar a la última en todo: tener el mejor móvil, la ropa que esta de moda, la última videoconsola y juegos, etc. Dicen que no valoramos lo que tenemos hasta que lo perdemos y es muy cierto, tal vez deberíamos perder todo para darnos cuenta de los privilegiados que somos por poder llevarnos algo de comer a la boca o tener algo que ponernos de ropa, porque hay muchas personas en el mundo que no tiene este privilegio. Una persona no es más o menos feliz en calidad de lo que posea, porque se puede ser muy pobre y ser feliz y muy rico y ser infeliz, pero desgraciadamente vivimos por y para el dinero Tal vez todos deberíamos pasar por lo que gente como el chico del metro, que están en una situación crítica que se ven obligados a hacer cualquier cosa por subsistir, incluso robar, nos haría valora lo que tenemos y sería un paso para que las cosas cambiasen y el mundo fuera más igualitario. 



Irene.P